Hace fiestas millonarias y pide dialogar con El Chapo. Así es el alcalde mexicano que “robó un poquito”

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Junio de 2014. Hilario Ramírez Villanueva, Layín, da un mitin en la localidad mexicana de San Blas, estado de Nayarit, para repetir como presidente municipal. En el estrado, con cierta soltura y dominio del ambiente, le dice a la platea: “Me han criticado mucho mis amigos los de enfrente porque me gusta mucho el dinero. ¿A quién no le gusta? A mí me gusta el dinero como a ustedes, como a ellos, como a todos, pero me gusta mucho trabajar. ¿Qué le robé a la Presidencia? Sí le robé, sí le robé, poquito porque está bien pobre. Nada más una ‘rasuradita’, pero con esta mano que robaba, con esta mano (señala su otra mano) se lo daba a los pobres “. El público, los robados, rompen a aplaudir.

La desprestigiada clase política mexicana y sus grandes partidos han propiciado en los últimos años la aparición de candidatos independientes como Layín, alias ‘robé un poquito’, que el próximo junio tiene opciones, bajas según algunas encuestas y altas según su ego, de convertirse en el gobernador del estado de Nayarit.

El gobernador de Nuevo León, ‘El Bronco’, y el alcalde de Cuernavaca, el ex futbolista Cuauhtémoc Blanco, son otros dos mediáticos ejemplos del hasta hace nada imposible triunfo en México de ‘outsiders’ de la política. Casi todos militaron primero en grandes partidos de los que hoy se alejan sabedores de que las siglas PRI, PAN, PRD… son ahora un lastre.

Layín es un ejemplo más de eso, de la amenaza de triunfo de un populismo cuya principal ideología es negar ser el otro. Ayer, en un debate en televisión entre los candidatos de Nayarit, el que fuera de profesión comediante antes que político volvió a demostrar que es un ‘showman’ cuya marca es provocar y hablar como lo hacen los espectadores en sus casas o en los bares.

Con sombrero y camisa desabotonada, Layín soltó en un lenguaje coloquial frases como “siempre le hemos dado la oportunidad a los hombres preparados, a los que tienen maestrías, doctorados y sus estudios y es la causa de la pobreza en México”; “Tanta juventud sana, limpia. ¡Pudricción! Hijo de la fregada, ¿de qué se trata?” o “Los debates no nos llevan a nada, yo estoy hecho a la guerra, ellos sólo pegados a la ubre. Nayarit necesita acción”. Quizá su gran mérito fuera que no mintió ni dijo la verdad nunca.

Sin embargo, su fulgurante carrera mediática se cimienta en una sucesión de escándalos y derroches de un político peculiar que usa la palabra con descaro en unos tiempos en los que eso se valora. “Hay una desconfianza hacia las instituciones. El último estudio del latinobarómetro enseña que México es el país que más desconfía en sus partidos en Latinoamérica”, explica a EL MUNDO el profesor y experto en comunicación política, Gerson Hernández.

“Robar poquito” no es el único exceso que ha cometido. Hace fiestas populares, por ejemplo su 44 cumpleaños, (comida, bebida y bandas de música) que cuestan más que todo el presupuesto municipal de seguridad; levanta la falda y acosa a la cantante en el escenario; besa a otra mujer en la boca durante un baile; regala un coche en la famosa fiesta de los 15 de Rubí; regala planchas a todas las mujeres del pueblo el Día de la Mujer; manifiesta en una entrevista en una televisión de EEUU que “El Chapo es como cualquier persona con la que se puede platicar y llegar a acuerdos”.

“Cada vez hay más simpatías por estos personajes que no tiene relación con partidos, aunque Layín fue alcalde del PAN y ‘El Bronco’ (el hoy gobernador de Nuevo León) era militante del PRI. En el ejercicio del poder es un globo que se infla y se pincha cuando gobiernan. Les falta capacidad para solucionar los problemas de fondo”, dice el politólogo.

Da igual, el alcalde que robó un poquito compite por convertirse en el gobernador de un estado en el que viven más de un millón de personas. Parte del electorado no parece penalizarle quizá porque le habla un lenguaje próximo: “El otro yo es el que se manifiesta en esos personajes. Es lo políticamente incorrecto que muchos mexicanos desean. Usan un lenguaje sencillo y se atreven a decir en público los deseos de muchas personas. Esto es algo mundial”, sostiene Hernández.

“Me siento orgulloso de ser uno de los hombres más famosos del mundo. Cuánta gente no quisiera ser famosa y se han gastado cientos de millones de dólares y no llegan ni a un cuarto de la popularidad que yo tengo”. Palabra e ideología de Layín. Simple, clara.

Fuente : http://www.elmundo.es

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