Académicos instan a reconstruir el México que indigna.

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Editan el libro Cartilla ciudadana, que recuerda deberes olvidados
Académicos instan a reconstruir el México que indigna
Florescano: tenemos adicción a la protesta inmediata, pero hasta ahí
Ericka Montaño Garfias

Periódico La Jornada
Jueves 21 de enero de 2016, p. 6
Ante el ambiente de desmoralización general que se presenta en la sociedad mexicana, un grupo de académicos se dio a la tarea de escribir el libro Cartilla ciudadana, una empresa colectiva que tuvo como objetivo recordar derechos y deberes olvidados, reprimidos o conculcados, que todos los mexicanos debemos conocer, además de presentar alternativas de participación, como los movimientos sociales, señala el investigador e historiador Enrique Florescano, coordinador de ese título, en el que participan Silvia Conde Flores, José Luis Gutiérrez Espíndola y María Concepción Chávez Romo.

Publicado por el Fondo de Cultura Económica y la Fundación Pueblo Hacia Arriba, Cartilla ciudadana está dirigido a los jóvenes y a todo aquel interesado en lo que ocurre en el país. El libro abarca todos los aspectos que han afectado gravemente derechos y deberes ciudadanos en México en años recientes. Estamos viviendo una época muy crítica, expresa Florescano y advierte que en este momento hay una desolación ciudadana; en general, el hecho de que ya nadie cree en lo que dicen las autoridades, que lo que dicen es retórica pero no cumplimiento efectivo de la ley. La población está desilusionada, agraviada, enojada, y todos los días lo que vemos en la prensa, lo que oímos en los medios reafirma ese creciente enojo y esa creciente desesperanza que invade a la sociedad, lo cual es sumamente peligroso.

Esta publicación es para todos: para los ciudadanos que actúan en posiciones de poder, de gobierno, de decisiones y desde luego para los ciudadanos en general. Nuestra ambición más grande es llegar al público de a pie, al que no es un letrado o lector habitual de libros, pero sí un interesado en lo que está pasando en el país; tratamos de escribir con la mayor claridad sobre estos temas compartidos de interés por los derechos humanos y los derechos ciudadanos.

El título, cuyo costo es de 115 pesos, acerca estos temas y busca ser una referencia de lo que se puede hacer. En México no tenemos cultura ciudadana, hay una adicción a la crítica, a la protesta inmediata, a hacer polémica, discutir y chismear sobre asuntos de la calidad de las cosas que salen en la prensa o la televisión, pero ahí se para todo, no hay lo que sí vemos en muchos países: todo el enojo, el malestar por la violación de los derechos, por el no cumplimiento, por la corrupción, transformado en acciones colectivas, en protestas colectivas, o en formación de asociaciones colectivas que entonces ya llevan una tarea continua de reconocimiento de derechos, difusión y protección de esos derechos y son entonces lo que llamamos y queremos aquí: ciudadanos activos. Aquí son pasivos o alharaquientos y discutidores, pero no toman la responsabilidad, agrega el coordinador nacional de Proyectos Especiales Históricos de la Secretaría de Cultura.

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Los autores Enrique Florescano y Silvia Conde detallan el contenido de la obraFoto María Luisa Severiano
Silvia Conde, directora general del Colectivo para el Desarrollo Educativo Albanta, agregó que como autores les interesa llegar a los jóvenes “porque sabemos que en México hay un gran problema de desinterés en la política entre toda la población, que se acentúa más en ellos. Pensamos esta Cartilla ciudadana desde la perspectiva del desafío, como una herramienta que pudiera motivar todas las capacidades de los jóvenes para reconstruir ese México que a muchos no les gusta, que los indigna”.

Por ello, además de hablar de los derechos, también se incluye una parte acerca de las formas de participación. Explica Conde:

“Lo primero que debemos hacer es no tapar el sol con un dedo, es decir, hay un problema de ineficacia en el gobierno, de una mala gestión pública y se tiene que hacer visible; ese es el primer punto para recobrar la confianza de la ciudadanía o para que la ciudadanía recobre la confianza en que puede hacer algo por transformar las cosas. Lo segundo es devolverle al ciudadano el sentido de eficacia política, que aquello que diga y haga tendrá algún impacto en la vida política de su comunidad o de su país, este sentido de eficacia política está muy debilitado en México, tanta desconfianza tenemos que, por ejemplo, cada vez votamos menos. Hay que explorar fórmulas para que lo que decimos y hacemos tenga algún impacto.

Cuando los ciudadanos nos demos cuenta de que sí tenemos ese poder para transformar, aunque sea en partes mínimas, aquello que nos molesta, indigna o da rabia, eso incrementará su potencia de actuar que es el tercer elemento que tenemos muy claro. Por eso, en el libro encontrarán muchas sugerencias prácticas de cómo sí se puede, porque otro elemento importante en este proceso de reconstruir la participación de la ciudadanía, es el sentido de esperanza, imaginarnos un futuro y trabajar por él.

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