AUTODEFENSAS Y EL NUEVO GOBIERNO MICHOACANO

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El pasado 10 de junio, el virtual ganador al gobierno del estado de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo, lanzó una advertencia a los grupos de autodefensas: no permitirá su operación y fijará un tiempo para que dejen las armas; después, comenzará un desarme general. De acuerdo a su decir, será el gobierno estatal quien asuma la seguridad en la entidad. Con ello, Aureoles perpetúa el discurso del tristemente célebre Alfredo Castillo, cuyas desafortunadas implicaciones sociales padeceremos por buen tiempo.

Silvano inicia con amenazas su gestión como gobernador antes de ser investido como tal. Se le olvida que a principios del mes de mayo, en el municipio de Aquila, en plena campaña reconocía la labor de las autodefensas, quienes “… tuvieron que levantarse en armas, dejar sus actividades ordinarias para hacerle frente a la criminalidad; tuvieron que hacerlo ustedes. Mi reconocimiento a nuestros hermanos que jugaron y se siguen jugando la vida para darle seguridad a nuestro pueblo”. Pero ésos eran tiempos electorales, cuando todo candidato endulza el oído y lanza lisonjas desmedidas para conseguir la preferencia del electorado.

Estas adulaciones ahora son revertidas en forma de advertencias. Aureoles debe saber que antes de que involucre a la sociedad michoacana en una dinámica de zozobra y temor que ya vivimos con la misma propuesta implantada por el gobierno federal, debe sentar las bases para que dicho desarme sea consecuente. No es necesario volver a vivir la caza de autodefensas con sus implicaciones de muertes, vejaciones y violaciones a los derechos humanos.

Como él mismo reconoce en su discurso, la creación de grupos de autodefensa y de policías comunitarios surge por la abdicación al estado de seguridad de los últimos gobiernos michoacanos del PRI y del PRD, al cual pertenece. No es que este sector de la sociedad michoacana haya querido armarse sin razón aparente, y eso lo sabemos todos. Fue por necesidad legítima y como un acto natural de sobrevivencia ante la muerte.

La labor de Silvano Aureoles no es nada fácil. Primero tiene que ser congruente con lo que pregona. En esa lucha contra la criminalidad que orilla a los sociedad a autodefenderse, el nuevo gobernador debe empezar por lo básico: tener un estricto control sobre sus colaboradores y ex colaboradores; deberá procesar sin distingo de partido ni compromiso electoral, a ex funcionarios implicados en el desfalco financiero y con el crimen organizado; y las acusaciones que sobre gente cercana a él gravitan tienen que ser aclaradas.

Pero si insiste en perpetuar la impunidad que finalmente es la causa primera de la crisis michoacana, poca calidad moral tendrá para solicitar el desarme de esos sobrevivientes sociales que por la corrupción en absolutamente todos los niveles de gobierno, se han visto obligados a armarse. Es más, si no se inicia con ello, se estaría dejando en estado de indefensión a estos grupos una vez que se desarmen, quienes ante la complicidad de las policías, de la milicia y de las instancias procuradoras de justicia, no tendrían opciones para defenderse ellos mismos. Si la impunidad es el problema, esperemos que el nuevo gobernador empiece con el ejemplo.

La necesidad de proveer de medios a la sociedad para vivir en condiciones dignas está relacionada con fuentes de trabajo bien remuneradas, con el respeto a los procesos sociales internos, particularmente de los pueblos originarios; con una propuesta de desarrollo donde el ambiente y los recursos naturales sean valorados más allá del precio que la lógica del mercado impone; con políticas construidas participativamente. Pero mientras las primeras declaraciones del virtual ganador sean en contra de los grupos de autodefensa y no a favor de un verdadero proyecto de desarrollo, educativo y cultural, al menos poca esperanza debemos tener de que esta penosa situación cambie. Ojalá distinga las diferencias entre grupos de autodefensas y policías comunitarias; y entre los grupos de autodefensa, a aquellos que son los verdaderamente legítimos.

Sobre José Manuel Mireles Valverde y otros autodefensas, Silvano Aureoles pedía hace poco más de un año trato digno para ellos: “no son policías y se les debe reconocer como líderes sociales”. A partir de su lema de campaña de “borrón y cuenta nueva”, sería importante que el virtual ganador hiciera un pronunciamiento público a favor de la liberación de Mireles. No sólo de promesas vive el político, ¿y la congruencia qué?

Fuente : La Jornada Michoacán

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