Los directores de la mayor fábrica procesadora de carne de Europa siguen negando su responsabilidad por el brote masivo de COVID-19 en sus instalaciones. Una catástrofe anunciada, dice Miodrag Soric.

¿Cómo se denomina a las personas que aceptan la muerte de otros para enriquecerse aún más? ¿Inescrupulosas? ¿Codiciosas? ¿Inhumanas? Estos son todos atributos que pueden aplicarse a los directivos del matadero y procesadora de carne Tönnies, en Westfalia, ya que esos directivos, responsables de la actual catástrofe, saben desde hace meses de la alta peligrosidad del coronavirus y de su rápida propagación en la industria cárnica.

Era solo cuestión de tiempo que la pandemia llegara a afectar también la central de esa, la mayor fábrica de productos cárnicos de Alemania, así como sucedió antes en otros mataderos. Los obreros contratados por agencia –que vienen desde el este y el sur de Europa y trabajan en condiciones, a veces, inhumanas– deben permanecer muy cerca unos de los otros para descuartizar a los animales. Además, viven hacinados en sus alojamientos, en los cuales no pueden distanciarse de los otros, aunque quisieran.18386281 Miodrag Soric, de DW.

Esclavos modernos

Tanto defensores de derechos humanos como médicos y expertos en protección laboral están pidiendo desde hace meses que se le asigne un cuarto individual a cada uno de los trabajadores de Tönnies. Solo así se podría frenar la propagación del coronavirus. Pero eso costaría dinero, y reduciría los millones que gana Tönnies. Algo evidentemente inaceptable para los gerentes de esa empresa.

Los matarifes y descuartizadores polacos, rumanos y búlgaros trabajan, en comparación con sus colegas alemanes, por un sueldo de hambre, como si fueran esclavos modernos. Y no tienen casi otra alternativa, ya que en sus países ganan aún menos. Sin embargo, se trata de seres humanos cuya dignidad, como la de todos los ciudadanos, está garantizada por la Constitución alemana. Es moralmente reprochable querer enriquecerse gracias al sufrimiento de estas personas, como lo están haciendo los directivos de Tönnies.

El compromiso con el fútbol y la protección de animales de esta empresa aparecen como un subterfugio barato para maquillar su desprecio hacia el personal. De los más de 6.000 trabajadores en una sola sede, la mitad son empleados externos que provienen de agencias. Eso disminuye los derechos de los trabajadores, pero ahorra dinero, maximiza las ganancias y aumenta la competitividad de las empresas. Y el asunto llega tan lejos que Tönnies exporta carne a países agrícolas como Rumania y patas de cerdo a China. Quien quiera conocer el lado oscuro de la globalización, que visite la sede central de Rheda-Wiedenbruck.

Vientos de cambio

A muchos de los habitantes de Westfalia Oriental, la crítica a esta empresa, hasta ahora, le daba lo mismo. Esa es una región de Alemania estructuralmente débil, y allí es raro que haya buenos salarios. La influencia de Tönnies sobre la política regional no puede subestimarse. Los problemas con los “trabajadores extranjeros” hace tiempo que se están barriendo debajo de la alfombra.

Pero ahora, los vientos están cambiando. La clase política toma distancia de Clemens Tönnies, e incluso los copropietarios de esa empresa que factura miles de millones exigen su renuncia. La gente del lugar está enojada porque, como consecuencia de varios cientos de casos de COVID-19 en el personal de Tönnies, tuvieron que volver a cerrarse todas las escuelas y jardines de infancia en el distrito de Gütersloh.

Ahora, las mira también está puesta en el Gobierno alemán: ¿dejará que Tönnies salga indemne de este escándalo? ¿O utilizará esta oportunidad para dar un giro en su política agraria? Lo correcto sería volver a fortalecer a los pequeños mataderos y fábricas regionales, en lugar de hacerlo con gigantes como Tönnies o Westfleisch. Al final, eso significaría que los alimentos en Alemania se encarezcan. Pero, según las encuestas, la mayoría de los alemanes está dispuesto a pagar más por mejor carne. En la industria cárnica no se debe dejar al ser humano en último lugar.

RESPONSABLES DE LA ACTUAL CATÁSTROFE

Las autoridades de la región de Gütersloh, en Renania del Norte-Westfalia (oeste de Alemania), ordenaron este miércoles (17.06.2020) el cierre de todas las escuelas y guarderías después de que cientos de trabajadores del matadero más grande de Alemania dieran positivo por COVID-19. El diario regional Westfalen-Blatt adelantó que unas 475 personas habían positivo por el nuevo coronavirus, lo que se sumaba a otros 128 casos previos en el matadero de Tönnies. La empresa ha cerrado sus puertas y se ha puesto en cuarentena a todos sus empleados, en total más de 7.000 personas.

Los resultados de otras 400 pruebas estaban todavía pendientes han ampliado después la cifra: de los 983 test realizados finalmente, se han producido 657 positivos. No se descarta que la cifra aumente debido al elevado número de empleados de la fábrica. El brote en el matadero, ubicado en la localidad de Rheda-Wiedenbrück ha elevado el número de casos en la región muy por encima del umbral establecido por el gobierno para tomar medidas de emergencia, que se establece en 50 nuevas infecciones en una semana por cada 100.000 habitantes. Las autoridades estudian si tomar medidas adicionales, como cerrar tiendas y restaurantes, para contener el brote. Aunque según la portavoz del gobierno local el cierre de colegios hasta las vacaciones de verano, que empiezan a final de junio, debería ser suficiente para evitar la propagación a la población.

Las puertas del matadero afectado permanecían cerradas.

Westfalen-Blatt informó de que los funcionarios creen que algunos de los casos fueron importados de otros países por trabajadores migrantes que aprovecharon las fronteras europeas recién abiertas para visitar a sus familias. Algo en lo que coincide con la empresa, para la que las vacaciones y dos fines de semana alargados con festivos y días de puente han servido para que muchos de sus empleados, procedentes de Rumanía y Bulgaria, hayan aprovechado para viajar a sus países de origen.

Además, aparentemente la refrigeración de las habitaciones propiciaron la transmisión del virus, dijo el representante de Tönnies, Gereon Schulze Althoff. “Solo podemos disculparnos”, dijo el portavoz de la compañía, Andre Vielstädte, que explicó que habían trabajado “intensamente” para “mantener el virus fuera”. En mayo, otra fábrica de carne de la región tuvo también un brote menor de coronavirus.

Preparados para reaccionar

En una intervención al término de una reunión con los jefes de los distintos estados federados, la canciller Angela Merkel “saludó” que el distrito hubiera tomado rápidamente y sin dudar medidas como el cierre de las escuelas.

“Ésta es la estrategia que planteamos para que el virus no se extienda más: estar preparados para reaccionar siempre, porque podemos tener un evento infeccioso incontrolado en cualquier momento”, declaró la mandataria, subrayando que “no se puede repetir lo suficiente” lo importante que es la distancia de seguridad.

“Como personas de tercera clase”

“Mientras no cambie esta estructura, se seguirán viendo estos brotes masivos en la industria cárnica (…) y también en otras industrias, no podrán controlarlos”, se queja sin embargo en declaraciones a DW Peter Kossen, pastor católico que lleva años defendiendo a los empleados de esta industria en Alemania. “Una persona, una habitación”, exige Kossen “para mantener realmente las distancias mínimas” de seguridad.

Interior de la planta de Tönnies en una imagen de archivo.

“Mujeres y hombres están simplemente agotados por las condiciones de vida y de trabajo” en la fábrica, se lamenta. “Son tratados como si no tuvieran dignidad, como si fueran personas de tercera clase”.

Otro brote en Berlín

Mientras tanto, en Neukölln en Berlín, el número de personas infectadas en los bloques de apartamentos en cuarentena continuó aumentando: se han reportado 70 casos, dijo el alcalde del distrito el martes por la noche. El brote, sin embargo, no representa un riesgo para la población general de la capital para las autoridades de Berlín. A pesar de las conexiones con otros distritos, la probabilidad de que surja un problema generalizado “no es particularmente alta”, dijo el jefe del departamento de salud de Reinickendorf , Patrick Larscheid, a la radio pública local.

Estableció una conexión con los brotes en Renania del Norte-Westfalia: “los afectados tanto aquí y como allí, vivían tan aislados que el virus probablemente no se pudo propagar”. El público en general está perdiendo la disciplina cuando se trata de cumplir con las medidas de prevención ante el coronavirus, dijo. “Así, por supuesto, en la situación actual, es aún más difícil explicar a la gente que esto no ha terminado y que el cumplimiento de una cuarentena supone proteger a las otras personas”, se quejó. Los grupos afectados por el brote son pobres y en su mayor parte también sin educación, añadió: son difíciles de proteger.

FUENTE: DW

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