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ORIGENES.

La tribu Yaqui es uno de los pueblos originarios de América que gracias a su  fuerte resistencia ha sabido mantener una cultura original hasta nuestros días. Durante la época prehispánica se distinguían de otros grupos de habla Cahita (como los mayos del sur de Sonora) debido la relación que guardan con el caudaloso río que lleva su nombre. Las tierras donde se asientan son de las más fértiles de todo México, por ello han sido codiciadas desde el primer contacto con los europeos a principios del siglo XVII, a estos nuevos grupos humanos los yaquis denominan yoris o “los que no respetan la ley”. Por su parte los yaquis se denominan a si mismos yoreme u hombres verdaderos, y cuentan las crónicas que con arco y flecha en mano, pintaban una raya en la tierra cuando se acercaban las huestes españoles y les advertían “si pasan esta raya que hemos trazado serán hombres muertos”. Esta férrea defensa del territorio ha sido una constante a lo largo de su historia.

En el año de 1617 aceptaron la incursión de los misioneros jesuitas, quienes establecieron los 8 pueblos que hasta la fecha conforman la región Yaqui; Pithaya-Belem, Huirivis, Rahum, Torim, Potam, Bacum, Vicam y Cocorit (Loma de Guamichil). Debido a que fueron los yaquis quienes aceptaron y cobijaron a los misioneros, nunca se han considerado un pueblo conquistado. Los rituales que actualmente se practican en sus pueblos, provienen de este contacto pacifico entre dos tradiciones espirituales, en algunos de ellos los yoris son bienvenidos a presenciarlos, pero otros están reservados para los yoreme. La paz fue mantenida por los jesuitas durante un siglo y medio, hasta que fueron expulsados de los territorios de la corona española en 1767.

 

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DANZA DEL VENADO

Hace mucho tiempo existía un hombre que fué un gran danzante también había sido un gran cazador de venados. En aquellos tiempos remotos aún se utilizaban arcos, flechas y cuchillos de piedra, con estos utensilios cazaban los nativos pero este personaje no utilizaba ningún arma para poder cazar grandes ejemplares de venados, puesto que usaba un disfraz de venado grande conocido como bura. La piel de venado que usaba como un disfraz era bien diseñado, contaba con su cabeza original y sus cuernos, cuando salía a cazar se llevaba la piel de bura y se iba a los lugares en donde pastaban los venados y ahí esperaba a que bajaran a pastar. Cuando ya se habían reunido algunos venados en el lugar deseado, se ponía la piel del venado o bura, se lo amoldaba muy bien al cuerpo de manera que pareciera un venado macho y se acercaba al rebaño imitando los movimientos del venado, una vez ya entre ellos hacía como que pastaba. Los venados machos peleaban con el cornándolo, para que no se acercara a las venadas y el también fingía pelear con ellos como si fuera un venado de verdad.
Un grupo de cazadores que lo habían visto en sus maniobras, se le acercaron y le pidieron que les enseñara su técnica de cazar venado. A lo cual accedió el cazador, invitándolos a reunirse con el otro día muy de madrugada en ese lugar, ya que en aquel lugar bajaban a menudo los venados a pastar y a tomar agua en un arrollo. El día citado muy de madrugada los cazadores se reunieron con el, en el lugar señalado, ya una vez reunidos, esperaron pacientemente a que bajaran los venados a pastar, no sin antes haberles explicado todos los procedimientos. Cuando ya se habían reunido algunos venados, el cazador se puso la piel del venado bura y les dijo a los cazadores que se fijaran muy bien en los movimientos y se fue hacia los venados.
Se fue acercando poco a poco, haciendo como que estaba pastando, hasta reunirse con los venados. Los venados bura, lo corneaban y lo atropellaban para que no se acercara a las venadas, el hombre sufría golpes en todo el cuerpo por los topes que le daban los buras, pero este riesgo era parte de su cacería. El cazador buscaba el momento para matar al venado haciendo que lo siguiera hasta unos arbustos alejado de los otros venados, para no espantarlos. En el momento apropiado, se armaba de un garrote y de un solo golpe mataba al venado y les hacía señas a los otros cazadores que lo acompañaban, para que recogieran al venado. Mientras que el se reunía de nuevo con los otros venados.

Los jóvenes del pueblo, consideraban a este cazador uno de los mejores cazadores y se admiraban de la forma de cazar de este hombre. Pasaron los años y este cazador se hizo viejo y por cosa del destino pasó de cazador a moro (danzante). Por los años que le quedaban de vida, la pasó de fiesta en fiesta cargando la indumentaria y la cabeza de venado tras el danzante.

Fuente: Eric García C.

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