De de la Madrid a EPN se busca aniquilar al pueblo; PRI implementó el Terrorismo de Estado: Especialistas

Enrique Pena Nieto

 

El desmantelamiento del país, de los territorios indígenas, la destrucción de los derechos sociales y el cercenamiento de las garantías individuales, los fraudes electorales, son aspectos de la violencia generalizada ejercida contra la población, cuya expresión más cruenta es la desaparición forzada, la tortura y el encarcelamiento de luchadores sociales. El terrorismo de Estado se impone como un estado de excepción permanente para lograr el saqueo último de las riquezas nacionales para sostener la decadencia del imperio más poderoso y salvaje que haya conocido la humanidad. La violencia ha hecho de México una gran fosa común. Escribe Omar García, integrante del comité estudiantil de la Normal de Ayotzinapa.

La organización de Derechos Humanos Peace Brigades International, define al terrorismo de Estado como el uso sistemático, por parte del gobierno de un Estado, de amenazas, torturas y represalias, considerado a menudo ilegal dentro incluso de su propia legislación, con el fin de imponer obediencia y una colaboración activa a la población. 

Según la historiadora Susana de la Fuente, “desde la llegada del Partido Revolucionario Institucional (PRI), implementó el terrorismo de Estado en México  Los ejemplos sobran y la historia los documenta, ya que durante sus gobiernos el país conoció las peores masacres a manos de elementos del Estado, tales como el asesinato de líderes sociales; el genocidio; el control social a partir de la represión”.

Al mismo tiempo comenta “es imposible analizar la historia sin las represiones del PRI, ellos fueron quienes inventaron y ejercen las peores prácticas de opresión y reducción a quienes han considerado siempre y en cada sexenio el enemigo público a vencEr: al pueblo inconforme que busca libertad y progreso”.

1930: ocurre la primera matanza en el régimen priista, cuando cerca de 60 simpatizantes del candidato opositor al tricolor, José Vasconcelos Calderón, fueron masacrados en el poblado de Topilejo, en el contexto de unas elecciones fraudulentas. 1964: fallecen pacientes (aún con número desconocido) en el Hospital “20 de Noviembre”, luego de que médicos fueran despedidos y atacados por el gobierno federal, esto por haber exigido derechos laborales que no se les otorgaron.

El 2 de octubre de 1968, cuando grupos paramilitares mandados desde la Presidencia de la República por Díaz Ordaz reprimieron a golpes y balazos en la plaza de las 3 Culturas de Tlatelolco a decenas de miles de estudiantes que pedían democracia y apertura en el régimen de gobierno. En 1971, Echeverría Álvarez reprimió el movimiento sindical de los electricistas, quienes se inconformaron con la desaparición de su contrato colectivo de trabajo

El 10 de junio de 1971, grupos paramilitares disolvieron a golpes y balas una manifestación estudiantil a favor de alumnos de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), que habían logrado colocar como rector a Héctor Ulises, mediante una ley universitaria que promovía una gestión paritaria. Así, mientras estudiantes de la UNAM, IPN y universidades privadas se solidarizaban con el movimiento libertador de la UANL, los gobiernos federal y capitalino priistas enviaron a un grupo paramilitar conocido como Los Halcones a detener las manifestaciones, dejando más de 120 muertos.

En el sexenio de Zedillo se suscitaron masacres, las de Aguas Blancas y Acteal. En Guerrero, durante el gobierno de Rubén Figueroa Alcocer, el 28 de junio de 1995 fueron asesinados 17 campesinos a manos de un grupo motorizado de la policía guerrerense. El 22 de diciembre de 1997, bajo la gubernatura del interino priista Julio César Ruiz Ferro, grupos paramilitares de Chiapas identificados con el PRI asesinaron a 45 niños, hombres y mujeres, todos indígenas tzotziles y pertenecientes a la ONG “Las Abejas”. En 2014 durante el sexenio de Enrique Peña Nieto las matanzas por motivos de conflictos sociales siguen existiendo tanto en Tlatlaya como en Ayotzinapa.

José Miguel Vivanco, director para las América de HRW, afirma “El presidente Peña Nieto ha heredado una de las peores crisis en materia de desapariciones que se hayan producido en América Latina a lo largo de la historia, nuestra organización encontró evidencias que indican que miembros de todas las fuerzas de seguridad intervinieron en desapariciones forzadas, es decir, el Ejército, la Marina y las policías federales, estatales y municipales. En algunos casos, como las más de 20 desapariciones forzadas que habrían sido perpetradas por miembros de la Marina, asimismo el modus operandi con que se llevaron a cabo los delitos, la magnitud de los operativos y las versiones contradictorias ofrecidas por la Marina sugieren que podrían haber sido planificados y coordinados”.

El periodista Carlos Fazio afirma “más de medio millar de mexicanas y mexicanos han sido víctimas de una tecnología represiva aplicada por el Estado en los años sesenta y setenta, en el marco de una guerra de contrainsurgencia dirigida a borrar, difuminar y desconocer a adversarios políticos que amenazaban a la oligarquía; ahora es lo mismo, hoy regresa al gobierno el PRI, que engendró el terrorismo de Estado”.

“De Miguel de la Madrid a Enrique Peña Nieto, el terrorismo de Estado se da desde todos los frentes, se busca aniquilar al pueblo, asfixiarlo, ya sea por medio de la violencia, o por el marco jurídico constitucional, ya que el priismo ha impuesto a espaldas del pueblo más de 400 reformas, la mayoría de las cuales son conquistas sociales históricas logradas con la persistencia, organización y lucha de los sectores populares, a costa de la libertad, la vida y la detención/desaparición de millones de activistas mexicanos. Sus reformas son ajustes jurídicos para que el capital transnacional pueda despojar, explotar recursos naturales y mano de obra barata irracionalmente, dejando como resultado pobreza, opresión y muerte”, explica la antes referida, Susana de la Fuente.

El activista palestino, Harf Alishi, perteneciente a la red de colaboradores de Human Rights Watch (HRW), declara “se critica la inacción de la Unión Europea (UE) frente a los bombardeos de Israel en Gaza, los actos de terrorismo, incluso México se ha solidarizado, mientras el gobierno asesina a su pueblo. En las guerras de medio oriente existe de una manera singular, la transparencia, incluso Israel a su manera lo es. En México el gobierno los masacra por la espalda, mientras les dice que su intensión es mover a su país hacia el bienestar, mientras que Peña Nieto o cualquiera de sus ministros pronuncia un discurso, detrás se esconde el Terrorismo de Estado. Lamentablemente las cifras de muertos, desaparecidos, pobres y desempleados no mienten, las tragedias provocadas por el PRI las conoce todo el globo terráqueo, ya son parte de la historia universal”.

De la Fuente enfatiza “el PRI en distintos órdenes de poder, ha operado más de 70 años el miedo y el sometimiento contra la población. La diferencia entre el terrorismo de Estado y la simple represión está en el absurdo pretexto del “uso legítimo de la fuerza”, porque dicha acción, se utiliza hasta los límites de lo inhumano con tal de controlar y mantener, bajo un aparente orden, al país”.

El Doctor Roberto González Villareal, autor de Historia de la desaparición, comenta que “las tácticas y técnicas represivas difuminantes, que caracterizan al Terrorismo de Estado, tienen que ver con las estrategias de ocultación, el borrar o escamotear las identidades de las víctimas, quiénes eran, qué hacían, quiénes se los llevaron, pero también el confundir y el callar de las instancias legales, burocráticas e institucionales, y la dinámica de las variadas formas de desvanecimiento de la identidad de personas insumisas; siendo la más pura tecnología utilizada por los gobiernos de Díaz Ordaz, Echeverría y López Portillo aplicada, principalmente, por el Ejército y la Dirección Federal de Seguridad (la policía política del antiguo régimen), con su clandestina Brigada Blanca, que hoy se vuelven a retomar”.

Asimismo analiza que la secuencia detención-secuestro-tortura-desaparición, es un método contrarrevolucionario utilizado para reprimir las luchas político sociales, como las que en México mantiene hoy el “nuevo PRI”, en efervescencia. Asegurando que la razón por la que un Estado autoritario recurre a ese método se debe a su efecto de supresión de todo derecho: al borrar las huellas de un individuo, al no existir cuerpo del delito, se garantiza la impunidad.

Según de la Fuente, “el caso de Tlatlaya o Ayotzinapa, se han logrado conocer y la gente ha alzado la voz, lo cual es una presión ante el eminente terrorismo de Estado, pero las decenas de fosas encontradas en Guerrero y las que han de existir en todo el país, a esas el gobierno les ha podido aplicar la estrategia del silencio, ocultamiento y la negación, que son una estrategia política”.

Continua explicando que al no reconocer como enemigo a aquel que no volvió a casa, no se exhibe la represión, si no se supo, nunca pasó. Acto seguido no existe responsabilidad por parte de nadie, ni delincuentes, ni gobierno. Aunque después existan pruebas aplastantes, como el caso de Tlatlaya, se niega la responsabilidad estatal. Entonces se vive en un México donde, los desaparecidos no existen. “Murió en un enfrentamiento. No está desaparecido, lo asesinaron sus propios compañeros, fueron calcinados por el narcotráfico”; ya Peña Nieto lo implementó en el caso de las mujeres violadas de Atenco. Con el PRI la fórmula es la negación de la evidencia como práctica hoy en 2012 y el resto de la existencia del PRI en la presidencia.

Walter Laqueur, directivo en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, declara “el terrorismo es el asesinato sistemático, la mutilación gubernamental criminal y la amenaza del inocente, creando miedo e intimidación para ejercer control en una población, Ayotzinapa sería el ejemplo después de la descripción.

Revolución 3.0

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