En Chiapas, de cada cien habitantes 78 son pobres

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El narcotráfico no es la primera fuente de violencia en México, sin embargo, ha servido para “ocultar otras formas de violencia, despojos, injusticias y otros problemas anteriores y más arraigados en nuestra sociedad”, coincidieron los participantes en el foro “La iglesia frente a la violencia”, organizado por la Universidad Iberoamericana.

José Avilés, vicario de Justicia y Paz de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, acusó a consorcios mineros de sobreexplotar los recursos naturales y de despojar a indígenas de sus territorios y de empobrecerlos. Avilés alertó que en la entidad hay una constante destrucción y sobreexplotación de los recursos naturales, así como un gran despoblamiento y despojo de territorios.

De acuerdo con el misionero jesuita, de 2000 a 2012 los niveles de pobreza de Chiapas han aumentado de 76.7 por ciento a 78.4 por ciento, y de cada cien habitantes en la entidad, 78 son pobres. Advirtió que en ese periodo se han otorgado más de un millón 500 mil hectáreas a grandes consorcios mineros en tierras chiapanecas y lamentó la destrucción de una montaña en San Cristóbal.

Abel Barrera, director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña “Tlachinollan”, señaló que, por ejemplo, la Policía Comunitaria en Guerrero no surgió a causa del narcotráfico, sino para enfrentar a los talamontes. En los noventa, dijo, “la gente se cansó de ir con los policías, los militares y no encontrar respuesta, así que se organizó”.

Pedro de Velasco, doctor en Ciencias de la Religión por la Universidad de La Sorbona, señaló que frente a la violencia la respuesta de la iglesia ha ido en dos sentidos: por una parte, “hay unas cuantas participaciones oficiales, unos cuantos discursos de tipo moralista, piadoso, exhortaciones, pero la participación institucional ha sido pobre. Por otro lado, hay muchas organizaciones de inspiración cristiana que emprenden acciones en pro de una vida digna y justa y en contra de la violencia”.

En su turno, José Rosario Marroquín, director del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (ProDh), aseguró que a la violencia no se le puede dar explicaciones que incluyan únicamente factores como el crimen organizado, el narcotráfico o la pobreza. “Debemos hacer un esfuerzo más complejo para detectar en dónde están las raíces de este fenómeno en nuestra sociedad” y señaló que también abonan al clima de violencia la militarización de la seguridad pública o las violaciones a derechos humanos.

Abundó que la labor del Centro ProDh tiene inspiración cristiana, pues “tratamos de hacer que los derechos sean una realidad para las personas más pobres y excluidas. Colocarse del lado de las personas a quienes se les ha despojado de la voz es un rasgo de inspiración cristiana”.

También participaron, entre otros, entre los que estuvieron Alfredo Zepeda, director de la radio indígena comunitaria; Guillermo Palma, colaborador del grupo Proyecto de Fe Compartida (Profectar), en la Sierra Tarahumara, y Miguel López Villalobos, párroco de Tepalcatepec, Michoacán.

 

 

Fuente: La Jornada

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