OPINION: CARLOS LORET DE MOLA

Algunos de los juicios más duros sobre el gobierno del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), han surgido de quienes integraron su gabinete y han decidido hacerse a un lado.

Los que han conocido por dentro la administración son quienes exhiben con mayor eficacia las mentiras sobre las que está fundado el actual gobierno. Han denunciado la corrupción interna que opera impunemente, el desastre en el manejo económico, la catástrofe en la gestión de la pandemia, el desplome en los servicios de salud y hasta las políticas entreguistas para complacer al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Las renuncias en el gabinete se siguen sumando. Hace unos días dejó su cargo el secretario del Medio Ambiente, Víctor Manuel Toledo. Se fue después de que, a inicios de agosto, se dio a conocer un audio de una reunión con su equipo de trabajo, en la que lanzó un misil a la línea de flotación del presidente: cuestionó el discurso anticorrupción, que es la principal bandera del régimen y de su autonombrada Cuarta Transformación (4T).

“La 4T como tal, como un conjunto claro y acabado de objetivos, no existe. Por el contrario, este gobierno de la 4T está lleno de contradicciones”, dijo el secretario Toledo a sus colaboradores. Acusó también al jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, de usar sus influencias para suavizar la postura ambientalista oficial contra el grupo empresarial minero más relevante del país.

No es el primer secretario de Estado mexicano que cuestiona a Romo por conflicto de interés. En su carta de renuncia, a tan sólo siete meses de asumir el cargo, y en una entrevista que dio a la revista Proceso, el exsecretario de Hacienda, Carlos Urzúa, cuestionó a Romo de tener información económica privilegiada y usarla a favor de sus inversiones.

Desde entonces, Urzúa se volvió el crítico más mordaz de la política económica de AMLO en las columnas que publica en el periódico El Universal.

El 30 de marzo escribió que “el sentido común es el menos común de los sentidos” en el gobierno. El 20 de abril se asombró porque el gobierno “no tiene ni idea de qué hacer ante la crisis económica. Apenas atina a dar palos de ciego a diestra y siniestra”. El 29 de junio se quejó de que el poco dinero que hay “lo malgasta de manera caprichosa”. Y el 3 de agosto remató señalando que, frente a la debacle económica de la pandemia, el gobierno “por ignorancia o indolencia, acabó cruzándose de brazos o de plano, regando el tepache”.

Germán Martínez duró solamente seis meses en el gabinete, antes de volver a ser senador por el partido oficialista, Morena. En su carta de renuncia a la dirección general del Instituto Mexicano del Seguro Social, expresó que las políticas de control presupuestal del gobierno generan pasillos de espera llenos de personas adoloridas y maltrato, o retraso en la atención a pacientes(…) Ahorrar y controlar en exceso el gasto en salud es inhumano. Ese control llega a escatimar los recursos para los mexicanos más pobres(…) Los niños que padecen cáncer y esperan su tratamiento, quienes viven a la espera de insulina, las poblaciones de la diversidad sexual que reclaman antirretrovirales, y los millones de enfermos que se atienden en nuestras clínicas y hospitales, no merecen ni un minuto de rebatingas de poder”.

La semana pasada, en una entrevista que le hice para Latinus, resumió en una frase la gestión de la pandemia realizada por el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell: “Yo no me lo explico, yo lo hubiera relevado”. De hecho, sugirió remover a los secretarios de Estado que parecen estar sólo de adorno: “¡Que se vayan los floreros!”.

Asa Cristina Laurell, histórica compañera de lucha de AMLO y subsecretaria de Salud, renunció entre quejas, tanto en un artículo para el diario La Jornada como en una entrevista para Radio Fórmula. Señaló que los funcionarios encargados de combatir la pandemia no conocen el país porque no dejan sus escritorios en Ciudad de México y son, francamente, inexpertos.

El hombre a quien AMLO eligió para que le colocara la banda presidencial el día de su toma de posesión, el diputado morenista Porfirio Muñoz Ledo, ha tenido también una extensa cuota de críticas al gobierno desde Twitter. Sobre todo, a la política de represión a los migrantes que ha ejecutado el gobierno a petición de Trump, y alineada con los intereses políticos del mandatario estadounidense. En un debate en la Cámara de Diputados, dijo: “Es para mí el problema más grave que hoy confrontamos, la pérdida de nuestra soberanía y libertad para transitar sobre el territorio. Nos quieren convertir en un país enjaulado”.

El secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, aguantó año y medio en el gabinete. Renunció a finales de este julio, después de que el presidente instruyó que las Fuerzas Armadas se encarguen de los puertos y aduanas, en vez de las autoridades civiles. “Lamento profundamente no haber tenido éxito en trasmitirle mi convicción y mi preocupación sobre la grave trascendencia que considero tiene esta medida para el presente y el futuro de México, tanto en lo económico como en lo político”, escribió a AMLO en su carta de renuncia.

Tras las renuncias, el presidente ha dicho que “ya no hay cabida para simuladores”, y que lo más honesto es que no se ocupe un cargo en el gobierno “si no se tiene afinidad con el proyecto”.AD

La radiografía del gobierno que hacen los que se fueron no sólo contrasta con el discurso triunfalista del presidente, sino que lo desmonta, lo deja exhibido como pura palabrería en una administración que avanza velozmente hacia una crisis generalizada, sin ganas de rectificar el rumbo y orillando a la renuncia a quien se atreva a levantar una voz de autocrítica.

FUENTE: THE WASHINGTON POST

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