Hijos de jornaleros: entre la discriminación y la mirada crítica.

Un niño lleva mandado a su casa en San Quintín, como todos los que viven en estas casas trabajan en el campo. Foto Edgar Lima
POR
SUSANA VARGAS EVARISTO, LA JORNADA DEL CAMPO
I know that discrimination motivates me to show that I can overcome
(Chávez, 2013:46)
Screenshot_2015-08-04-08-56-02

FOTO: Julieta Martínez

Siendo niños y niñas, una generación de hijos de trabajadores agrícolas viajó con su familia desde el estado de Oaxaca hasta el norte para emplearse en los campos del Valle de Quintín, Baja California, o al Valle Central de California. Cada traslado, significaba un cambio de vida, de escuela, de hábitos, de condiciones de salud y de vivienda, alimentación, lenguaje y organización familiar. La participación económica de los niños y niñas era de suma importancia para la familia, ya fuera en forma de juego o de acompañamiento, o como un trabajo formal en los campos agrícolas del cual obtenían un cheque. Un segmento de esos migrantes oaxaqueños lo conformó una generación que creció como parte del gran contingente migratorio de los trabajadores agrícolas insertos en la agroindustria instalada de uno y de otro lado de la frontera norte.

La memoria de esos hijos de trabajadores quedó impregnada por las experiencias de discriminación vividas en el contexto de precariedad en que crecieron. Detectamos al menos tres líneas de discriminación presentes en sus discursos, las cuales mostramos a través de los siguientes fragmentos con sus propias palabras:

Discriminación laboral:

“Ahorita con lo que vas aprendiendo ves muchas cosas que no estaban bien, ¿no? Antes tú estabas trabajando, desyerbando y te pasaba la araña, las arañas eran unas máquinas que fumigan, te fumigaban y tú agachadito, trabajando te fumigaban tu lonche (almuerzo) todo amarillo cuando tiraban azufre o pasaban los fumigadores con sus bombas, tirando azufre a los tomates y tu salías todo amarillo del azufre ¿no? Y a medio día con tus manitas llenas de tomate y el azufre, y para ti era algo normal, no mirabas que estuviera mal porque no había tanta conciencia”. Entrevista realizada a Mónica (seudónimo), en el Valle de San Quintín, 17/08/10.

Discriminación étnica:

“De niña yo no hablaba mixteco a pesar de que mi mamá sí lo habla. Mi papá le decía a mi mamá que no nos enseñara porque si no, no íbamos a hablar muy bien y vamos a batallar y nos iban a discriminar más de lo que nos discriminan ahorita (en Madera), entonces nada más español para que no batalláramos. No aprendí el mixteco, hasta ahora ya de grande con mis hijos quiero aprenderlo porque quiero que ellos lo aprendan, me da mucha pena saber que me miro como de Oaxaca, pues porque soy de Oaxaca, y que no sepa hablar el idioma, siento que es como decir que los españoles triunfaron, perdimos nuestra lengua, entonces estoy tratando de aprenderla otra vez”. Entrevista realizada a Carmen (seudónimo) en Madera, California, 01/09/2010.

Discriminación escolar:

“La escuela primaria bilingüe de indígenas, no era precisamente de indígenas porque había mestizos y de todo, pero nada más hablaban español y mixteco, entonces para los niños que eran del mixteco sí era ventaja, pero en el caso mío no, ahora ya en ese cambio yo ya tenía que aprender obligatoriamente mixteco, triqui que de ley, y español, entonces yo me quedaba ¡chin! Aprendí muchas palabras en mixteco, y los números del cien hasta el mil eran consecutivos, sólo agregabas una palabra, era como tipo inglés, cuando tu decías one, two, three, hasta el diez, entonces del diez ya viene el once y del veinte, treinta, cuarenta, agregas, agregas nada más, así era el mixteco, y cosa que en triqui no es así”. Entrevista realizada a Alicia (seudónimo) en el Valle de San Quintín, 30/08/10.

Estos fragmentos de historias de vida, muestran el escenario social, cultural, laboral y económico al que se enfrentaron esos jóvenes al llegar a las regiones de trabajo. Las relaciones sociales, impregnadas de discriminación, marcaron sus biografías, dejando también una mirada crítica sobre las condiciones a las que se vieron sometidos ellos, su familia, sus padres, tíos y abuelos.

Entre los jóvenes entrevistados, encontramos una mirada discordante, disonante, sobre su futuro como nueva generación anclada al mercado de trabajo agrícola. Desde su punto de vista, sus abuelos y padres, abuelas y madres allanaron el camino trabajando arduamente en los campos agrícolas. Es una labor que los jóvenes reconocen; sin embargo, de manera crítica, también suscriben la importancia de desincorporarse de este campo laboral, pues coinciden en que aún falta mucho para que represente una fuente digna de trabajo para ellos y los que vienen.

*Los relatos que aquí se muestran fueron tomados en una estancia de campo realizada por la autora en un periodo de 2010-2011, en las regiones del Valle de San Quintín, Baja California, y Madera, California. Se solicitó a un grupo de jóvenes la historia de su vida desde el momento en que salieron de su pueblo hasta la vida actual. De esta manera, los fragmentos de entrevista aluden a una parte de la vida infantil de su biografía.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *