Huexca: el fracaso de López Obrador
César Enrique Pineda

¿Cómo es que un conflicto comunitario por un megaproyecto escaló a nivel nacional en unos cuantos días? ¿cómo es que la consulta convocada por el presidente, terminó con urnas quemadas por las comunidades afectadas? ¿cómo es que el viernes en CDMX una nutrida movilización señalaba al presidente coreando: “Obrador decía que todo cambiaría, mentira, mentira, la misma porquería”? ¿cómo finalmente en medio del conflicto un conocido vocero y dirigente comunitario fue asesinado? . En las redes sociales buscan una explicación conspirativa con dos posibles responsables: la primera es la “izquierda radical” y la segunda es la derecha. Pero todo lo que ha sucedido ha sido resultado del torpe e irresponsable manejo del conflicto por un solo actor político: el presidente de la República.

La resistencia comunitaria a la termoeléctrica y al gasoducto hizo que numerosas comunidades se integraran en el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el agua Puebla Morelos Tlaxcala desde 2012. Existen dos dimensiones en todos los conflictos territoriales por megaproyectos. Una es por supuesto las afectaciones provocadas por el proyecto, ambientales pero también y sobre todo, sociocomunitarias. La otra es el tipo de relación del estado con las sociedades comunales donde se ejerce un tipo de poder muy autoritario e impositivo, ya que los gobiernos ejercen todo su poder, decidiendo sobre las vida de las comunidades, negándolos como sujeto colectivo.

López Obrador, después de haber rechazado la construcción del gasoducto y termoeléctrica que es parte del Proyecto Integral Morelos, ahora se pronuncia a su favor. Muchas comunidades que hoy mismo queman urnas ,votaron por él ante su promesa de cambio y sobre todo, de detener el megaproyecto. López Obrador, además, anunció con bombo y platillo la reactivación del proyecto termoeléctrico, a sabiendas de que existe una resistencia comunitaria (que él dijo apoyar) y sin intento alguno de diálogo, anunció la consulta que se realiza este 23 y 24 de febrero. Es decir, frente a un movimiento que resistió la imposición de un proyecto impulsado por los gobierno neoliberales, que dejó numerosos presos políticos, que sufrió la represión, un movimiento claramente campesino, comunal, indígena y popular la respuesta del presidente es confrontarlo a través de una mayoría fabricada artificialmente en las urnas ya que la selección de casillas, está especialmente pensada para que no sólo decidan las comunidades afectadas.

Discurso de AMLO durante su campaña en Yecapixtla, Morelos

Ante la sorpresa que tanto su cambio de postura como su decisión unilateral de llamar a una consulta el movimiento reaccionó protestando de manera pacífica en uno de sus actos. El Presidente Obrador, a gritos, les llamó: “escuchen radicales de izquierda, que para mí no son más que conservadores”. Obrador tiene una tendencia a descalificar a sus interlocutores de la izquierda fuera de Morena: lo ha hecho con el EZLN, por otro lado, llamó abajo firmantes desinformados al sector académico en contra del tren maya, y ha dicho que no existe sociedad civil de izquierda. En los conflictos, el punto central de confrontación no está sólo en sus causas sino en la relación de poder que se ejerce cuando se desconoce a los interlocutores, cuando se les niega la legitimidad. López Obrador no sólo los descalifica, sino que con su actitud, exacerbó la confrontación. Es esta ya, una segunda dimensión de conflictividad.

Por si esto fuera poco, al conocerse los detalles de la consulta, una vez más, Obrador diseñó una votación a modo. Tanto el convenio 169 de la OIT como la Declaración de los derechos indígenas de la ONU e incluso protocolos de consulta diseñados por gobiernos anteriores, obligan al estado mexicano a consultar a los pueblos indígenas bajo ciertas premisas: las consultas deben ser previas a la realización de los proyectos, deben ser libres (no estar condicionadas por la presión gubernamental, como por ejemplo hablar de las pérdidas económicas que se generarían o llamar a votar a favor de la termoeléctrica a cambio de reducir los costos de la luz, como ha hecho el presidente) debe ser además informada. Pero el requisito principal es que debe ser un PROCESO acordado con los pueblos consultados, debe diseñarse conjuntamente un proceso informativo y DELIBERATIVO previo a las decisiones y estas no NECESARIAMENTE deben tomarse a través de votaciones en urnas ya que una consulta debe respetar los modos culturales de toma de decisiones, es decir, los sistemas normativos de los pueblos. La decisión podría tomarse en asambleas u otros modos decisorios. El objetivo de una consulta (de buena fe) es llegar a un acuerdo con las comunidades consultadas, no exacerbar aún más el conflicto, ni ganarles a través de votos la decisión que de antemano el gobierno ya ha tomado.

Por último, el asesinato de Samir Flores, abierto opositor al proyecto, el modo dirigido de su ejecución, unió a muchas comunidades y detonó un movimiento de solidaridad a su alrededor. Integrante del FPDTA, Samir fue asesinado apenas unos días antes de la consulta. La respuesta de Obrador fue lamentable: soslayó la exigencia de cancelar la consulta, insinuó que el asesinato quería afectar a su administración o la consulta y en especial, sostuvo, tercamente su misma posición: promover el proyecto de la termoeléctrica. La falta de tacto político provocó mayor indignación, que no es una emoción irracional sino reflexiva. Todas las decisiones previas habían hecho acumular desconfianza y rechazo, pero su actitud ante el asesinato se volvió, intolerable. En sólo dos semanas Obrador provocó el rechazo comunitario a su gobierno y a su consulta, destruyó las posibilidades del diálogo e hizo evidente que sus consultas, son el modo político de legitimar sus propias decisiones: se impondrá con la fuerza popular, incluso, manipulándola y confrontándola con la fuerza comunitaria.

Obrador ha tenido ya numerosas batallas políticas de las que ha salido airoso. Se enfrentó al empresariado en Texcoco, a los huachicoleros y la opinión pública en el tema de las gasolinas, a los burócratas y la suprema corte en el caso de los recortes salariales. Pero hoy, por primera vez su antagonista no es la mafia del poder, ni el poder económico. Su antagonista son los pueblos en resistencia, las sociedades comunitarias. Obrador ha equivocado una y cada uno de sus pasos y decisiones. En Huexca, más allá del resultado de la consulta y el conflicto, Obrador ha fracasado. Quizá, porque en esta ocasión, es la resistencia de los de abajo la que se ha puesto en su camino.
@cesarpinedar

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