LA PINTURA CORPORAL CONTINUIDAD DE UNA TRADICIÓN MESOAMERICANA

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Pintarse de manera temporal para llevar a cabo rituales es la única práctica de adorno corporal prehispánica que pervive, pues el tatuaje, la escarificación y otras prácticas fueron prohibidas durante la conquista por sus fuertes connotaciones religiosas y su asociación con el poder político, y terminaron por extinguirse. La pintura del cuerpo sobrevivió en la medida en que lo hicieron varios ritos –sobre todo aquellos relacionados con la fertilidad– en los que el hecho de que los participantes lleven ciertos colores y símbolos resulta indispensable. Claros ejemplos de esta pervivencia se encuentran en grupos étnicos de distintas regiones como el Gran Nayar, la Sierra Tarahumara y Tabasco.
IMAGEN: A. Los participantes en las fiestas de las veintenas llevaban atuendos y pinturas que iban de acuerdo con su papel en ellas. En esta imagen de la fiesta de teotleco, los sacerdotes tienen el cuerpo pintado de negro y los sacrificados llevan franjas rojas y blancas. Primeros Memoriales, f. 252r. B. Durante las celebraciones de Semana Santa, los coras se pintan el cuerpo de negro para representar a los “borrados”-judíos (xumuabikari) que persiguen al Sol. Mesa del Nayar, Nayarit, 1970.
Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces. Foto: Guillermo Aldana / Raíces
Esta publicación es un fragmento del artículo “Pintura corporal”, del autor Enrique Vela, y se publicó íntegramente en la edición especial número 37, titulada Decoración corporal prehispánica. Catálogo visual.

Fuente: Arqueologi Mexicana.

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