“ME CAMBIAS? ” UNA TRADICIÓN INDÍGENA QUE HA SOBREVIVIDO EN PÁTZCUARO

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El tianguis es un espacio de encuentro como ningún otro, para México y muchas culturas es una tradición de tiempos inmemoriales que simplemente no se puede comparar con ninguna otra actividad comercial, el tianguis no es sencillamente un mercado o una vendimia callejera, es un lugar dónde la población local e incluso fuereña construye una red de cultura y de identidad, encadenamiento social, soporte alimentario, soporte de la vida agrícola y construcción de la diversidad de nuestros pueblos, todos con sus diferentes productos de cualidades singulares.

A cada producto del campo que ahí se distribuye le podríamos hacer una radiografía, seguir su historia de origen y de procesos de transformación y descubrir esa interminable caudal de cultura y sabiduría que convierte al tianguis en una galería de la vida y la riqueza del hombre con la tierra. Ahí, en el tianguis se genera florecimiento de la cultura y también una gama de saberes y de experiencias que conectan de manera especial al individuo con sus semejantes. El tianguis tradicional mexicano es tal vez la manifestación más constante, auténtica y trascendente de la vida urbana, además es un espacio único, ya que puede albergar a otros acontecimientos sociales como un carnaval, un concierto, danzas, incluso acontecimientos políticos y religiosos.

Este espacio de comercio, convivencia y de jolgorio sigue representando para todos los mexicanos una tradición fundamental para la adquisición de los productos que más consumimos y que son incomparables. Algarabía callejera, ya sea en una plaza, en una cancha deportiva, en un atrio, en una galera, a bordo de carretera o en plena calle, suele ser un fenómeno que devora el entorno y lo remodela. Este escenario al que asistimos cada semana es parte ya de nuestra peculiaridad. Sea de manera individual, en pareja o ir al tianguis en familia, siempre nos introducimos en él con la expectativa de descubrir muchos productos de todos los colores, sabores y olores que hacen diversa y ataviada la mesa en nuestro hogar y también nuestra vida.

 

Reportaje: MIDESA
Fotografía: Agus Ruiz

¿Me cambias?” Una tradición indígena que ha sobrevivido en pátzcuaro.

 

Pátzcuaro llegó a ser la capital de Michoacán durante la colonia, después de ser escenario de la vida prehispánica fue reconocida como ciudad por los españoles virreinales en 1553, ahí también se levantó un pilar importante de la U.M.S.N.H. con el Colegio de San Nicolás Obispo hoy convertido en un bello museo, En 1951, una propiedad del presidente Lázaro Cárdenas del Río fue donada y aquí se fundó el Centro Regional de Educación Fundamental para América Latina (CREFAL), Pátzcuaro ha sido una meca para el comercio regional y ha sido escenario de acontecimientos sociales, culturales y políticos importantes, hoy en día sigue siendo un lugar centralizado que atrae a indígenas y no indígenas para las actividades comerciales, Pátzcuaro es también identificado como un lugar dónde florece la cultura, se festeja de diversas maneras y el Estado le puso en el año de 2002 la etiqueta o categoría de “pueblo mágico” con fines comerciales sobre todo para el sector turístico. La llegada de muchos extranjeros a esta ciudad ha generado muchas influencias, interesados y atraídos por el mundo indígena, la cultura regional y las tradiciones han migrado incluso familias enteras, incrementando y diversificando la cultura en Pátzcuaro, así como también la economía. Pátzcuaro indudablemente también ha sufrido los estragos del descontrol con el crimen organizado y ha tenido etapas de violencia e inseguridad debido a la propagación de carteles y rutas para los mismos que alteran sin duda la vida, esto trastoca el equilibrio cotidiano y las relaciones comerciales de esta entidad.

El tianguis del que hoy nos interesa hablar se realiza en la ciudad de Pátzcuaro, en una zona céntrica llena de comercio, atrás del Santuario y es conocida por todo patzcuarence. Es importante recordar que este tianguis, al ser un centro importante para la cultura indígena, anteriormente concentraba una gran cantidad de comerciantes, ocupando la extensa plaza principal de la ciudad, con el tiempo la actividad de trueque ha ido mermando, la transformación de nuestra economía y de nuestras labores aquí se ha reflejado también y hoy en día el tianguis de trueque p´urhépecha tiene menos miembros y una cancha de basquetbol es suficiente para llevar a cabo este mercadito.

Todos conocemos la forma de mercadeo en un tianguis cotidiano dónde circula el dinero convencional, pero el tianguis de trueque, especialmente el de Michoacán es intrínseco en nuestra cultura y posee unas características únicas, que habrá que revalorar, pues tiene una historia que se asimila a un tesoro escondido, algo que yace en la calle, pero también en conciencia colectiva y tiene un bagaje de información inagotable que detalla el devenir de nuestros pueblos.

Es una variación del tianguis de comercio tradicional, pero es más antiguo, ya los abuelos prehispánicos lo conocían, lo ponían en práctica y los sostenían, hoy sigue conservando características específicas que siempre han conectado a nuestros pueblos con sus modos y sus costumbres, además ha servido como puente para una relación fraternal que plantea otra lógica en un mundo donde reina el dinero. En los pueblos p´urhépecha esta forma de intercambio representa parte de la vida endémica y recoge saberes que van más allá de una simple experiencia de compra-venta. Sin duda la naturaleza productiva del tianguis de intercambio es con un carácter de autosustento que hay que señalar antes que nada, ya que la gran mayoría de los productos que se ofrecen en este tianguis indígena no son de revendedores o de “coyotes”, sino de campesinos productores, de pescadores o de recolectores, es decir son alimentos que los mismos participantes han cultivado, procesado o recogido en el campo, en el lago o en el bosque. Esto le da un valor cultural, político, económico y gastronómico importante ya que los diferentes pueblos que participan lo hacen ofreciendo los productos que en su tierra existen, y no son los mismos que ofrece el colega del puesto de enfrente. Recordemos que para los pueblos originarios ha sido esencial y definitivo el hecho de pertenecer a un territorio de propiedad social, en la cultura p´urhépecha muchos pueblos viven de manera comunal legitimados por títulos virreinales ante las autoridades agrarias, así resguardan extensiones de tierra significativamente destacadas para la vida agrícola, para el pastoreo y la pesca, pero también campesinos que viven en ejidos e incluso en pequeñas propiedades participan en este mercadito que mantiene su esencia local. En el tianguis de trueque de la ciudad de Pátzcuaro participan pobladores de distintas localidades que aunque ofrecen diferentes alimentos u objetos que ya los caracterizan, sus productos también pueden variar, algunos ejemplos:

Cuanajo – artículos de madera, flores, plantas y capulín.
Uranden – pescado.
Tingambato – Aguacate criollo.
Sta. Ana Chapitiro – verduras.
San Bartolo y san Pedro Pareo – verduras u hortalizas.
Huecorío – verduras y peras.
Tzentzenguaro – verduras y manzanas.
Janitzio – pescado.
Tzurumutaro – nopales y frutas.
Opopeo – tortillas.
Tzintzuntzan – artículos de barro.
Ihuatzio – artículos de tule.
Pátzcuaro – Pan y tortillas

Y nos sorprenderá la variedad cuand odescubramos que de pronto algun pueblo lleva algo que nadie lo esperaba, puede ser carne de res, de puerco, utencilios de barro, utencilios de chuspata, flores de temporada, entre otros, nunca descartamos encontrarnos con sorpresas agradables a la vista y al paladar.
Todos pueden ofrecer elotes de temporada, tortillas y otros derivados del maíz como uchepos, korundas, tamales o nakatamales. Muchos ofrecen pan, hongos de temporada y plantas aromáticas y medicinales. Los pueblos que participa en estas actividades del trueque son consumidores y son también productores, por tal razón la posesión de la tierra para estos pueblos indígenas es fundamental, así mismo la intención de participar en el tianguis de truque para cualquier persona será acompañada por una necesidad importantísima, la de producir algún tipo de alimento para sumarse al intercambio, es decir, las personas que participan de alguna manera están constantemente promoviendo un comercio alternativo, una soberanía alimentaria que no genera dependencia de tierras, de industrias o de intermediarios, es un tianguis de trueque que se alimenta y se sostiene del consumo pero también de la producción y de la actividad campesina de la gente de nuestros pueblos.

Aunque el sustento y la autonomía de las comunidades sigue contando con riquezas y bendiciones de la naturaleza, la historia reciente nos relata un cumulo de tropelías, engaños y desorganización que ha puesto en riesgo los pilares de la vida comunitaria, de la vida campesina y de la vida en libertad, cómo la necesitan nuestros pueblos para un verdadero desarrollo. Podríamos señalar la incompatibilidad de la economía imperante con el auténtico pensamiento indígena y los valores que aún podemos percibir en el tianguis de trueque. Son diversos los factores que afectan estos modelos de comercio alternativo y al comercio tradicional de los tianguis y a la vida campesina. La industrialización de la comida, la desconexión con la tierra, los modelos educativos influenciados por el capitalismo, el acaparamiento del mercado por empresas, muchas de ellas extranjeras, las políticas irresponsables y corruptas del estado que han dejado en buena parte abandonado al campesino tradicional por beneficiar a la agroindustria, la precarización de la vida, la importación de alimentos y la farsa de la competitividad en un libre mercado desleal, la pobreza a partir de la privatización de la tierra y la migración forzada, todo esto se ha acumulado como un cáncer y representa un golpe mortal a la vida y la soberanía de nuestros pueblos y su soberanía alimentaria .

 

LA CHATARRA ROBA TERRENO A LA VIDA

Un problema notorio que lastima al tianguis de trueque en Pátzcuaro es el ínfimo valor e importancia que le dan algunos patzcuarences y el mismo gobierno a este espacio patrimonial Y de encuentro.
La costumbre de antes era arribar a esta que hoy es cabecera municipal con los interminables productos campesinos, la mayor cantidad de días de la semana, desde las comunidades, con las familias, ocupar la plaza principal, converger organizada y eventualmente, abonando a una ya fuerte tradición de comercio local, sustentable, fraterno y autónomo, antiguamente este era el principal espacio para proveer alimentos a la mayoría de la población y de obtención de bienes y servicios originada en la sabiduría indígena, para diversificar la vida de los pobladores de Pátzcuaro y sus alrededores.
Hoy desgraciadamente, las transformaciones en nuestras vidas y en nuestras ciudades han reducido notablemente a nuestro querido tianguis. Los Martes y Viernes desde las 6 de la mañana comienza a instalarse el tianguis de trueque y desgraciadamente antes de las 11 AM los comerciantes de fayuca, chacharas y cosas usadas comienzan a desplazar a los participantes del trueque, esto sin duda refleja nuestra decadente tendencia a ignorar y desvalorar las actividades que dan fortalecimiento a nuestra soberanía alimentaria, ya tan vapuleada por Oxxos, Aurreras y demas imperios desleales que se hacen pasar de manera cínica por equivalentes de nuestros tianguis tradicionales, cuando es claro que los magnates dueños de estos centros comerciales son unos cuantos y muchas veces extranjeros. El desplazamiento de nuestros hermanos campesinos refleja también ese territorialismo interno absurdo, hostilidad disfrazada de competitividad comercial, los chachareros cada día dan menos espacio y menos tiempo a los comerciantes de trueque, se van los alimentos de nuestra tierra y en su lugar se instala la chatarra de fabricación china, el plástico y los celulares botados por los clasemedieros de la ciudad. Ni siquiera el capitalismo, sino la basura del capitalismo nos atrofia la creatividad de comerciantes que podamos tener.
Mas que una oportunidad de convivir entre comerciantes de manera justa, es de vital importancia meditar la situación por la que pasa México y revalorar a conciencia la importancia de un comercio campesino, sustentable, justo, socialmente ejemplar y de peso multicultural, darle su lugar que merece en pocas palabras.
Esto parece importarle poco al gobierno municipal y ya no vamos a hablar del gobierno estatal que en sus peores momentos de irresponsabilidad ha incluso criminalizado a los indígenas, ya sea por el “comercio informal” o incluso por tener la dignidad de defender sus tierras. Todo indica que el gobierno siempre le dará preferencia a las muchedumbres que le puedan servir como capital político, como rebaños redituables en tiempos electorales y está claro que los campesinos, artesanos, recolectores y pescadores del tianguis de trueque no tiene nada que ofrecerle a su “profesionismo” político, tal vez otros comerciantes si.

Pátzcuaro ha contado con gobiernos de “diversas” corrientes políticas, emanadas de partidos políticos y de familias pudientes que por mas que hablan y promueven un pueblo mágico dejan claro tarde o temprano que entienden al turista extranjero en sus diferentes idiomas, pero la palabra p´urhépecha natural y autentica, con sus prácticas y costumbres, con sus saberes ancestrales simplemente no la comprenden o no les importa. En este municipio ha habido alcaldes y alcaldesas desde derecha conservadora, “izquierda progresista” hasta uno que otro u otra que se han tenido que llevar a la cárcel por negociar y hacer nexos con los capos del narco michoacano. De una manera u otra, espacios valiosos como el tianguis de truque han sido invisibles para nuestros “representantes” que no saben pensar con con el corazón y la cabeza, sino con la cartera.

 

APRENDEMOS DE NUESTROS MAYORES.

Cuando era joven, doña Petra fue atacada por un hombre con machete en un intento de desalojarla de su casa, ella protegió su vida poniendo sus brazos, debido a eso sus manos no quedaron del todo bien y estuvo a punto de perder varios dedos. Sin que esto se convirtiera en un obstáculo la mujer de 90y tantos años retomó el azadón y la cegadera y ha dedicado gran parte de su vida a la agroecología y al comercio alternativo, Mójtakuntani eráchi iretarhu (tianguis de trueque entre pueblos hermanos).

La señora Petra de la comunidad de Sta Ana chapitiro es uno de los valiosos y abundantes personajes campesinos que participan en el tianguis de trueque de Pátzcuaro. Nuestra mujer mayor ha sido desde su juventud una de las mas constantes participantes en el tianguis, y cómo dice ella: desde muy joven aprendí a hacerme de alimentos para toda mi familia y de otros productos gracias a mi participación, pero no se exactamente desde cuando existe el tianguis de trueque, todos los que ya estamos mayores siempre hemos sabido que el tianguis de trueque esta ahí y que tal vez está tan antiguo que ya no podemos saber cuándo empezó.

Al igual que los mas antiguos, esta abuelita es una importante promotora del tianguis de trueque con su valiosa participación y sus entusiastas palabras, que siempre que pueden, van mas allá de las comunidades para hablar de la agricultura y el trabajo, de su tierra y de su vida ligadas como si fuera una misma cosa.
Los mayores han ido enseñando a otros mas jóvenes a revalorar y retomar los modos de intercambio que se practican en nuestros pueblos desde antes que la economía fuera economía. Gracias a la constancia, a la cultura ancestral y forma de vida apegada a la tierra hoy en día mujeres y hombres siguen acudiendo a este espacio de encuentro e intercambio tan emblemático y tan cargado de significados para el pueblo p´urhépecha.
En sta Ana Chapitiro, al igual que doña Petra, muchos individuos y familias trabajan la tierra a la orilla del lago, una tierra rica, húmeda y que está labrada de innumerables historias que podrían narrar desde la vida y la mitología en la pesca hasta el sustento fundamental de los pueblos gracias al maíz.
La vida de doña Petra siempre estuvo vinculada al trabajo, ella narra que desde chiquita su padre la enseño a trabajar: a sembrar, a criar animales, a hacer adobe, a cortar leña y a hacer tortillas: Fueron esas enseñanzas las mejores herencias que nos dejaron y que me dejaron a mí también. Eso nos enseñó a darle un valor a las cosas y desenvolvernos para mejorar nuestra vida, no pasar hambres, no pasar pobrezas.

Si quisiéramos asomarnos y lanzar una mirada profunda a las vidas de nuestros campesino y participantes del tianguis de trueque, descubriríamos historias increíbles, dignas de la mejor literatura y filosofía de nuestro México y, encontraríamos también a hombres y mujeres casi héroes que siguen sembrando la tierra a pesar de las adversidades, que siguen conservando las especies y semillas nativas, siguen perpetuando genética, técnica y sabiduría. Han pasado de mano en mano, de generación en generación y que como designios de Kurhika k´eri estos hombres y mujeres guerreros continúan con la noble misión de no dejar morir las prácticas importantes que han heredado nuestros pueblos

 

Hoy estas formas de economía alternativa, dónde el encuentro entre nosotros nos permite reconocernos mas allá de reflexionar en solitario, nos invitan a repensarnos fraternalmente como sociedad y que además nos recuerda el valioso tesoro que representa el sustento de la vida a través del trabajo con la tierra, nos invitan a replantear nuestro presente, nos dan la oportunidad de hacer comparaciones importantisimas y tratar de mirar mas allá de lo que nos dice la publicidad y la economía capitalista imperante. Hoy México sufre una crisis económica, social y alimentaría de la que no quieren hablar los de la clase política ni las grandes empresas que tienen secuestrada y casi monopolizada la industria alimentaria, es tarea nuestra no dejar derrumbar los pilares que le han dado nombre y significado a este país México y estos hermanos indígenas con su trabajo nos están mandando señales y mensajes verdaderamente valiosos.

 

TRATADO DE LIBRE COMERCIO DE AMÉRICA DEL NORTE (TLCAN) Y LA DESTRUCCIÓN DEL CAMPO MEXICANO.

El tratado de libre comercio de América del norte es la nueva constitución de este país. Desde 1994 Suplantó la legalidad del Estado Mexicano en todos los órdenes de la vida, y el más golpeado de todos fue el campo. Son estrategias de las élites económicas y políticas para dividir y hacerse nuevos mercados y mayor poder y control; Y como es tan abierto y amplio, se profundiza cada vez más, cada vez más desigual, Cifras de la resaca:
• En 1971 México exportaba maíz. Hoy importa más de la mitad de lo que se come.
• Hoy el 55.7% de la población, es decir, 63 millones de personas, padece inseguridad alimentaria. Más de la mitad de los campesinos, tiene hambre todos los días.
• De 1985 y 1999 el maíz perdió el 64% de su valor y el frijol, el 46%, pero de ninguna manera se abarató para la gente, pues solo de 1994 y 2002 la canasta básica incrementó en un 257%. El imperialismo nos ha causado 4 agravios que planearon con detalle desde el inicio:
• Ataque al maíz: El intento de exterminio del maíz y de las culturas, cosmovisiones y formas de vida que se crearon mutuamente con él, lo que corresponde a la ruptura de una matriz civilizatoria.
• Ataque a los territorios: El Intento sistemático de destruir y despojar los territorios (agua, suelos, biodiversidad) que son la integralidad que acoge la vida espiritual y concreta de los pueblos.
• Ataque a la organización: La intención de destruir y acabar con la capacidad de los pueblos y comunidades de asegurar de manera autónoma su subsistencia y formas de vida, y
• Ataque a los pueblos originarios: La destrucción de los pueblos originarios y los tejidos organizativos de las comunidades, de sus asambleas y sistemas de cargo. De todo ellos son responsables los sucesivos gobiernos de México, las grandes agrocorporaciones MONSANTO, DOW CHEMICAL, DUPONT, BAYER, SYNGENTA, BASF), y comercializadoras (como NESTLÉ, CARGILL o PEPSICO) y los gobiernos imperialistas principalmente de Estados Unidos y Canadá, así como sus agencias internacionales el FMI, el BID, BM, todo a través del TLCAN.
• Sin embargo, el sistema de agroindustria ha demostrado su fracaso: por la gran maquinaria, ya no crea empleo sino desempleo. Ampliamente ha demostrado su incapacidad de cuidar los territorios, el suelo, el agua, la flora y fauna y la gente. Mientras, en el mundo los campesinos tradicionales producen 70% de los alimentos en menos del 30% de las tierras agrícolas. La mayoría son mujeres. Defendamos las semillas, defendamos la agricultura campesina!

 

 

 

 

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