“¡No la toques!”

“¡No la toques!”
Reportero:
Reporteros de ZETA
Fotos. Jorge Dueñes

La imagen lo cuenta. Un militar de tres estrellas aprieta con su mano la muñeca de la reportera de ZETA, Inés García Ramos, mientras ella sostiene su grabadora. Testigo de los hechos, marinos, elementos del Estado Mayor y la procuradora general de la República, Arely Gómez.

Inés caminó al final de la quema de droga donde la procuradora fue invitada de honor, hasta acercarse a la funcionaria para hacerle algunas preguntas. García en su calidad de periodista, Gómez en su cargo de servidora pública. Pero apenas articulaba la pregunta sobre el caso Ayotzinapa, cuando el militar sujetó fuertemente a la reportera y le dijo en voz alta: “No, nada. ¡No la toques!”. La procuradora fue testigo mudo del apretón castrense para impedir la labor de la periodista. La miró, volteó a los lados y sonrió. A pesar de la petición de la reportera de ZETA para que el militar dejara de apretujarla, la soltara y le permitiera cumplir con su trabajo, este no lo hizo hasta que Arely Gómez se había subido a la Suburban blindada en la que la transportaron durante las horas que estuvo en Tijuana. El mal humor y la cerrazón de los militares no solo afectaría a la reportera. El General Gabriel García Rincón fue regañado por el Secretario General de la Defensa, Salvador Cienfuegos. Después de la detonación de explosivos entre 70 toneladas de marihuana, kilos de cocaína, heroína y metanfetaminas, Cienfuegos preguntó por las cantidades exactas de droga. “Oye”, le dijo al Comandante de la II Zona Militar, Gabriel García Rincón, mientras con el dedo índice y la mirada hacia otro lado, le indicaba que se acercara. “Sí, señor”, respondió apresurado y sudoroso García Rincón al abrirse paso entre medios de comunicación. “Las cantidades por tipo de droga”, le exigió Cienfuegos. Con un folder en la mano, el mando mostró la lista: “Aquí las tengo”.

Después de que el titular de la SEDENA leyera las cifras frente a la prensa y contestara un par de cuestionamientos, sorteó la pregunta sobre las organizaciones criminales a las que pertenecía la droga. “No tengo el dato. Gracias, la procuradora es quien sabe eso”, respondió mientras emprendió camino para retirarse. Y cuando Inés García Ramos se acercó a Gómez, fue impedida, por la fuerza militar, de concluir su pregunta.

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