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Para un número creciente de pueblos, comunidades y regiones indígenas, la cuestión ya no es participar en los carísimos comicios del régimen o dejar de hacerlo. Ante una montaña de evidencias que en los sexenios recientes han alcanzados cifras insultantes, ese “juego democrático” no resulta democrático, justo, conveniente ni digno para el bienestar de las comunidades. En diversos grados y con herramientas y estrategias disímbolas (las posibles), los procesos de autogestión municipal y comunitaria han mostrado ser más democráticos y eficaces para las necesidades colectivas que el juego comicial del gobierno, los partidos políticos, los tribunales y las televisoras (que ya no sólo “informan” sino que forman parte).

Desde luego, la experiencia zapatista de autonomía sigue siendo el ejercicio más profundo, dilatado y original de esta democracia alternativa. Su defensa territorial es creativa, cambiante y tenaz. Autogobierno. Autonomía. Autogestión de recursos, producción y servicios. Donde los derechos fundamentales existen por sí mismos, legítimos más allá de leyes que no se cumplen e instituciones inútiles o enemigas. Derechos humanos, políticos, lingüísticos, territoriales, de consulta, de seguridad ciudadana.

En altas y bajas, perseguida por el Estado contrainsurgente y las bandas criminales, esta y otras luchas por otra democracia no sólo desairan las urnas del INE sino que existen al margen de ellas. Desarrollan modelos de representación y gobierno regional auténticos, que por su naturaleza chocan con la voracidad capitalista y sus impuestas reformas neoliberales (las ya legisladas y las por venir, como el agua y la alianza transpacífica del Pentágono); también chocan con la delincuencia parapoliciaca y la militarización sostenida.

Cherán, Ostula, Xochicuautla, la Montaña de Guerrero y la cuenca del río Yaqui son algunos escenarios intensos de este proceso. También la defensa de Wirikuta y el Istmo de Tehuantepec, o bien la oposición a la minería, el fracking, las presas, las autopistas, los transgénicos. Incluso la relativa autonomía legal que se practica en Oaxaca participa en este hacer lo que les conviene como pueblos. Debería servir como ejemplo para el resto de los mexicanos. Sólo por ahí tenemos chance de cambiar las cosas.

 

 

Fuente:  Ojarasca (La Jornada)

 

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