ConcepcionPeralta

 

 

 

Veo tu dolor. Eres uno de los 43 padres de los estudiantes desaparecidos. Me cuentas que tu esposa Dominga enfermó, que tu hijo Felipe Arnulfo Rosa tiene 20 años y lo andas buscando. Te ha tocado vivir lo impensable.

Que desaparezcan a tu hijo, que te digan que murió, que no esperes encontrarlo porque fue quemado con llantas y basura hasta desintegrarlo, que sus restos fueron echados al río. Te piden que te conformes con la sola declaración de unos criminales. Y el Presidente, la máxima autoridad del país, te dice que “es momento de superarlo”.

Padre de Ayotzinapa tienes mucho que enseñarnos.

Cómo se pasa de la ofensa, la rabia y la humillación a la fortaleza. Cómo se vive en el aquí y ahora sin enloquecer. Cómo se lidia con los sentimientos de culpa, venganza, clemencia, piedad, ira, desconsuelo, odio. De dónde sacas las fuerzas para levantarte y seguir caminando con la fotografía de tu hijo por delante, aquella que orgulloso se tomó para la credencial de su escuela y que ahora portas tú cuando vas al cerro, a la radio, con los secretarios de Estado, a la marcha de la carretera, al Zócalo de la Ciudad de México. Nunca lo planeaste ni lo pensaste pero estás convertido en un luchador social, en congruencias con los ideales de tu hijo.

Las autoridades mexicanas afirman que en el lugar donde murieron los jóvenes estudiantes sólo recuperaron 17 restos humanos y quizá la ciencia los logre identificar. El resto no han sido hallados tras cientos, miles, de horas-hombre en los espesos cerros de Cocula y en el río San Juan.

 

KauPioquintoINT

 

Doña Dominga Rosa –madre de Felipe Arnulfo Rosa, normalista desaparecido el 26 de septiembre en Iguala– sostiene una pequeña foto de su hijo, a quien busca desde hace más de cinco meses. Ella, sin conocer Ayotzinapa, tuvo que sortear brecha entre pinos y carretera lodosa para llegar hasta donde Felipe le dijo que iba estudiar para maestro rural.

La casa de Dominga está en el lomo del cerro que decora Rancho Ocoapa, municipio de Ayutla. En esa población abandonada por el gobierno viven 164 habitantes. Hay 68 hombres y 96 mujeres.

Ese día, cuando platiqué con ella, en su casa de tabla que está por caerse, me dijo en su lengua tu’un savi (mixteco) que cuando su hijo subía caminando a Rancho Ocoapa llevaba cuadernos y lápices para sus sobrinos, que se quedaron sin papá en agosto de 2012.

“Xäku ni ini yu, xá ya kivi na nduku yu ta sé’e Felipe, inn ndara sakan ndoo xí’in, tyi ni na sini kú xá’ani na ñani ra, kuañu ni koo kivi kóo va’a ini yu” (Mi corazón llora mucho, ya han pasado días desde que busco a mi hijo Felipe y no lo encuentro, es el único que me queda, porque la gente mala mató a su hermano. Por eso no creo que mi corazón viva bien)

Dominga contó en esa plática que el 15 de agosto Felipe se despidió de ellos y le prometió a su papá que cuando regresara de vacaciones en diciembre les ayudaría a cortar un pino para sacar tablas nuevas con las que construirían otra casa porque la suya está por caerse.

Por la noche, Dominga me invitó a pasar a la cocina de su casa. Ahí, sentada al lado de la fogata, recuerda su vivencia en Ayotzinapa desde que les avisaron de que su hijo desapareció. Dice que pensó que la policía los había llevado a la cárcel, así que su esposo consiguió dinero prestado para que los dos viajaran a Tixtla. Lo poco que llevaban lo ocuparon para pagar pasaje. De ahí, hablaron con un familiar para que les prestara algo más para pagar la fianza, si es que eso se necesitaba, pero cuando llegaron a Ayutla les dijeron que su hijo había sido desaparecido, así que se trasladaron a Ayotzinapa en donde estuvieron 20 días.

–Kuvi ka’an yu tu’un sa’an, nda ña kuvi ka’an, sa kóo kakan takui xi’in ista (No sé hablar el español, sólo sé pedir agua y tortillas).

Dominga acepta que no puede entender otro mundo que se ha ensañado con ella, pero sí sabe que las otras mamás y papás que están en Ayotzinapa sufren igual que ella. Luego dice que la delincuencia está en todas partes, así como en su pueblo le mataron a un hijo, también en la ciudad matan y desaparecen a los jóvenes.

“Mi marido Damián Arnulfo Marcos (traducción), sufre mucho, está muy dolido, no duerme, no come, extraña mucho a Felipe, siempre me habla de él. Cuando estamos en la Ve’e ka’vi (escuela), me platica de sus recuerdos, de aquellos días que nuestro hijo hacía mandado, cuando venía a la casa, se encargaba de limpiar la milpa, el cafetal, la cañaveral, por eso lo buscamos mucho. No es chocante para comer. Come de todo, se sienta aquí en la mesita a comer con mis nietos. Él es muy trabajador, no es nada flojo, desde muy niño empezó a estudiar”, dice.

Después de cenar, Dominga pide que la acompañe al pequeño altar que montó en su casa para recibir a los muertos. Ahí platica con su hijo Victoriano Arnulfo Rosa, ante la luz titilante de las velas que se niegan a iluminar la casa.

-Yuva mí ka’an yu xi’in un xaa in ña mani / ku’un na ndukun ñani un Felipe / ta na ndiko ra ve’e / kunda un ra / na koo ña u’uvi na ku ndo’ra (Gran padre te hablo para pedirte un favor / ve a buscar a tu hermano Felipe / tráetelo de regreso a casa /cuídalo mucho donde quiera que ande /que no pase dolor y que no sufra donde anda) –dice mientras acomoda el rosario de cempaxúchitl en el altar.

–Quiero que me platiques más de Felipe, cada cuánto viene –le pido en la lengua tu’un savi.

–Cuando viene me trae dinero, me lo da a guardar para sus gastos. La última vez que vino me dio su dinero, el día que regresó se lo entregué, pero él no quiso llevarlo, me dejó 500 pesos. De ese dinero ocupé para que nos fuéramos a Ayotzinapa –recuerda.

 

Foto por Concepción Peralta. Damial Arnulfo Marco, 60 años, padre de Felipe Arnulfo Rosa -Auditorio de la Normal Rural de Ayotzinapa. Fecha 21 de octubre de 2014.

 

Foto: Kau Pioquinto. Dominga Rosa, madre de Felipe Arnulfo Rosa, estudiante desaparecido. Guerrero, 2014

 

 

 

Fuente: Periodistas con Ayotzinapa.

One thought on “Padres de Ayotzinapa

  • el abril 3, 2015 a las 7:11 AM
    Permalink

    El dolor no se comenta, ser lleva en el corazon. Me duele mi gente, que hacer para quitarles tanto sufrimiento.

    Respuesta

Responder a ana chavez Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *