“Tlatelolcazo o la renuncia forzada de Peña, opciones que están sobre la mesa”: Gustavo Esteva

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En la entrega anterior, el Doctor Gustavo Esteva Figueroa, activista, intelectual, escritor y fundador de la Universidad de la Tierra, nos invitó a reflexionar sobre la implementación de medidas en materia de economía y seguridad por parte del titular del Ejecutivo Federal contrapuestas con las necesidades de la mayoría de la población.

Esteva nos habló de este periodo revolucionario que se vive en el país y lo que significa la revolución, pero también del papel que desempeñamos como ciudadanas y ciudadanos si comulgamos con la idea de que México necesita un cambio estructural, dada la desigualdad social que enfrenta el país.

Recapitulemos: la Revolución Mexicana de 1910, no fue la revolución de un par de líderes, sino que fue la de todos los pueblos que se insertaron en la movilización para derrocar a un régimen opresor y autoritario encabezado por el dictador Porfirio Díaz. A partir de este gran movimiento fue que se redactó la Constitución de 1917, que hoy en día ha sido modificada con una serie de reformas que no benefician a la mayoría, siendo la reforma Energética la que implica mayores agravios para la soberanía del pueblo y territorio mexicanos.

En la historia reciente, las resistencias y movilizaciones de los pueblos originarios, indígenas y mestizos configuran la posibilidad de un gobierno autónomo que empieza por desmantelar la idea de necesidad de las instituciones de gobierno dedicadas a vigilar y asegurar los intereses de unos cuantos.

Ante la oleada de injusticias sociales, para Gustavo Esteva “la esperanza es que la lucha que se viene encima va a ser un buen momento para consolidar las posibilidades de gobierno autónomo y las posibilidades de acciones entre los pueblos” que se enfrentan a la implementación de megaproyectos hidráulicos, mineros, carreteros, de energía e hidrocarburos.

Que son la expresión de las “violencias clásicas del capitalismo (contenidas en) la violencia del despojo original, es decir, separar a la gente de sus medios de subsistencia, la violencia de transformarla en mano de obra, la violencia de explotarla como mano de obra y la violencia de reprimirla”, las cuales se condensan más claramente en el estado de Oaxaca, por ser una de las entidades que concentra el mayor número de organizaciones sociales y comunidades indígenas, pero también una importante riqueza de recursos naturales.

Lo que no quiere decir que en estados como Chiapas, Guerrero, Michoacán o cualquier otra entidad no se viva este proceso de despojo y proletarización. Gustavo Esteva se refiere al pueblo de Oaxaca como un ejemplo de resistencia demostrada en 2006, cuando la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) puso en jaque al gobierno priísta de Ulises Ruiz.

El 2006 dejó una enseñanza muy importante, y es que no se deben desligar las luchas sociales del contexto nacional, dados los intereses partidistas que ponen en riesgo cualquier tipo de movilización social.

Sin embargo, en la actualidad las protestas en contra de las violencias de Estado, en diferentes lugares del mundo, son un ejemplo de que las luchas no son aisladas. Cuando en Estados Unidos aparecen las pancartas “Ferguson[1]=Ayotzinapa”, explica el activista, “es un hecho enormemente importante”.

Toda vez que gente de diferentes nacionalidades ha hecho como suya la misma consigna  “entonces creo que estamos en un momento distinto en el que podemos pensar que realmente no estamos solos, que las batallas que vamos a dar, no las daremos solos”, una de las diferencias con respecto a movilizaciones anteriores. “Este es un momento de transformación”, subraya el autor de libro Nuevas formas de revolución.

Nuestro entrevistado trae a colación otro suceso sin precedentes en las historia del Congreso estadounidense, en el que el pasado 12 de diciembre, la senadora demócrata Elizabeth Warren, denunció a Citigroup por incidir directamente en las decisiones federales en materia económica.

“Fue un discurso espléndido en el que (Warren) dice ‘ustedes senadores están votando una ley que redactó Citigroup y no nos eligieron los bancos, nos eligió el pueblo y ustedes están traicionando a sus electores’”, hecho que ejemplifica “el proceso mundial de conmoción profunda, por la gravedad a la que ha llegado el sistema, por el agotamiento del sistema, en el que no se ven posibilidades de salida”, señala Gustavo Esteva.

Este es un contexto diferente para “plantearnos movilizaciones y jugar un papel en la revolución”.

AYOTZINAPA, PONE A PRUEBA A LA SOCIEDAD CIVIL

El caso de la desaparición forzada de 43 normalistas y la ejecución extrajudicial de seis personas en Iguala, Guerrero, el 26 de septiembre de 2014, desencadenó una serie de movilizaciones en el país y en diferentes ciudades del mundo. Un acontecimiento que ya forma parte de la historia del México actual en el que se hizo responsable al Estado de la oleada de violaciones a derechos humanos que vive la población.

Las caravanas encabezadas por las familias de los 43 estudiantes desaparecidos “no fue solo para buscar solidaridad, sino para buscar alianzas”. Toda vez que en reiteradas ocasiones normalistas, madres y padres han afirmado que para ellos, ésta es la batalla final dado el contexto de injusticia social y de abuso de poder.

El mensaje ha sido muy claro, se han soportado décadas de violaciones, de asesinatos, de represión, de desapariciones, en las que se han anulado de facto derechos fundamentales como el trabajo, la educación, la alimentación, la vivienda.

“Los de Ayotzi, en un sentido no están concentrados en salvar Ayotzi, sino en crear una situación e ir hasta el final para crear una situación diferente, lo que tenemos ahí es una tradición de lucha social general muy grande”.

La Normal Rural de Ayotzinapa, fundada en 1926 como una escuela de emancipación indígena, así como escuela Warisata, constituida en 1931 para los jóvenes de los sectores más pobres en Bolivia, “son organizaciones que saben de masacres, que saben de represión. Ayotzinapa fue semillero de guerrilleros, de dirigentes indígenas, dirigentes campesinos, es decir, viene de una tradición muy, muy sólida de lucha social que no es localista. Sí están luchando por sus 43 pero es una lucha que tiene un sentido social”, explica Esteva de 79 años de edad.

Diferentes organizaciones, incluidos los zapatistas, visualizan a los “compas de Ayotzinapa como un factor de incidencia nacional e internacional”. Por lo que este aparente periodo de desmovilización –luego de las fiestas decembrinas–, debe ser entendido como un “momento de discusión, de reflexión. Sí hay un descenso pero no hay un reflujo, no es que se acabó la lucha y ahora a nos vamos a nuestras casas y ya perdimos o ya les ganamos o lo que sea, sino que es simplemente un descanso”.

La exigencia #RenunciaPeña

Después del 26 de septiembre 2014, la exigencia de renuncia de Enrique Peña Nieto se configuró como una fuerte posibilidad, sin embargo, en los dos últimos meses del año, el discurso del titular del Ejecutivo Federal se reconfiguró y se anunciaron una serie de medidas en materia económica y de seguridad nacional.

Para Esteva el partido oficial “no iba a permitir que Peña renunciara antes del 1 de diciembre porque eso les representaba el gran riesgo de una elección y una elección de presidente en estos momentos quién sabe si el PRI pudiera ganarla”.

“Después de esta fecha, el PRI sí puede ser factor decisivo para determinar quién ocupa el lugar de Peña, entonces yo creo que sí existe la posibilidad de que saquen a Peña pero lo sacarán en el momento que crean conveniente, porque eso puede parar el movimiento”, apunta Gustavo Esteva.

En este contexto, Gustavo Esteva visualiza dos opciones que el PRI podría poner en marcha para desmovilizar a la sociedad civil. Una es “avanzar hacia un Tlatelolco”, en la que una gran manifestación sea “ferozmente reprimida, (que resulten) cientos de muertos, miles de desaparecidos, gente en prisión y que la gente se quede en su casa”, escenario “que está en aire”.

Pero si el gobierno federal incurre en esta acción, enfatiza Esteva, “sería un gravísimo error político porque no estamos en 1968 y eso en lugar de detener el movimiento, lo incendia en términos peligrosos, pero no lo para, no estamos en el 68, ni en el 2006 en Oaxaca, ni es un movimiento como el de Atenco”.

La segunda opción, dada la división interna del PRI, es concretar la renuncia de Peña Nieto, que también “pone agua a la pólvora, frena el movimiento […]. Muchísima gente se quedaría muy contenta”, una circunstancia que los partidos políticos incluido Morena capitalizarían para su beneficio y entonces “en lugar de la elección del 2018, vendría la elección de este año y ahora sí gana López Obrador”, esto brindaría el beneficio de la duda en un nuevo gobierno y se anularía la posibilidad de una nueva movilización masiva.

“Yo creo un tlatelolcazo o la renuncia forzada de Peña son opciones que están sobre la mesa, que forman parte de las estrategias que se pueden tomar”.

VER: Primera parte ““No se trata de hacer la revolución sino de formar parte de la que ya está”: Gustavo Esteva

 

[1] Caso de Michael Brown, quien fue asesinado por un policía blanco en Ferguson, Misuri

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