“¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, claman feligreses en misa guadalupana

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MÉXICO, D.F. (apro).— En la tradicional “misa de las rosas” –la principal celebración religiosa de los festejos guadalupanos–, el nuncio apostólico en México, monseñor Christopher Pierre, pidió “consuelo” a la Virgen del Tepeyac por las víctimas de la “violencia” y la “pobreza” que hay en México.

En el altar de la Basílica de Guadalupe, bajo la imagen de la virgen y rodeado de canónigos concelebrantes, el representante papal dijo en su homilía:

“Te damos gracias y te pedimos por tantos hermanos nuestros que sufren en México y en el mundo a causa de la violencia, de la pobreza y de la enfermedad. Que el Señor con la intermediación de nuestra madre de Guadalupe les de su consuelo y los libre del mal”.

Al nuncio lo escuchaban los miles y miles de fieles que abarrotaban el santuario, la gran mayoría de ellos no alcanzaron asiento y permanecieron de pie escuchando la ceremonia.

Cuando Christopher Pierre aludió a las víctimas de la violencia, varios feligreses levantaron los brazos con las manos empuñadas y gritaron:

“¡Vivos se los llevaron! ¡Vivos los queremos!”

Fueron gritos espontáneos que exigían la aparición con vida de los 42 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa que faltan, luego de que se comprobó la muerte de Alexander Mora Venancio.

Fueron éstas las víctimas de la violencia que más estuvieron presentes en la misa del mediodía. Los feligreses rezaron durante un momento por los normalistas guerrerenses.

Doce horas antes, en la “Misa de gallo” a la Guadalupana, oficiada por el rector del santuario, monseñor Enrique Glennie, éste también denunció la “violencia” y la “muerte” que aquejan al país. Dijo en su homilía:

“El mensaje de la Virgen de Guadalupe es un mensaje de paz, de unidad, de amor y de esperanza. ¿Por qué no lo hemos escuchado correctamente? Nuestra pobre historia humana actual está llena de tragedias, traiciones, violencia, divisiones, odios, guerras, corrupción y muerte ¿Qué hemos hecho mal? ¿No podríamos transformar nuestra realidad, tejida de dolor, llanto y tristeza, en una realidad feliz, llena de flores y cantos?”.

Y pidió a los fieles unir esfuerzos para la “creación de un México más sereno, más justo, más equitativo, menos corrupto, menos violento, y sí más fraterno. Nos falta entendernos y aceptarnos como hermanos”.

Así, este 483 aniversario de las apariciones guadalupanas en el cerro del Tepeyac se caracterizó porque, durante sus dos principales celebraciones religiosas, se recordó y se oró por las víctimas de la violencia en México.

A estos festejos en la Basílica de Guadalupe acudieron alrededor de siete millones de peregrinos desde distintos puntos del país, según cálculos de la delegación Gustavo A. Madero.

Llegaron en peregrinaciones, en familia o en grupos de danzantes al santuario mariano más concurrido e importante de todo el mundo. Desde dos días antes, empezaron a atestar todas las autopistas que conducen a la Ciudad de México.

Y como todos los años, fue necesario desplegar un amplio operativo de seguridad y sanitario para atender a los millones de fieles congregados en La Villa de Guadalupe, donde pernoctaron, danzaron y dieron gracias a la virgen, en su ritual anual de fiesta y penitencia.

Alrededor de 26 mil elementos de la Secretaría de Seguridad Pública, la Procuraduría capitalina, Protección Civil, Desarrollo Social y de la delegación Gustavo A. Madero les dieron la atención necesaria.

Ahora, a estos millones de mexicanos empobrecidos –que llegaron al santuario con sus cobijas enrolladas y sus imágenes guadalupanas– les duele especialmente la violencia que padecen en sus regiones.

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